La Plaza del Doctor Cajal ha sido y es un espacio vivo, lugar de convocatoria y encuentro, lugar de estructuración y vertebración social. Es sin duda el lugar identitario y comunitario chestano por excelencia.

Estos 10 conceptos (o parejas de conceptos) nos ayudarán a visualizar y entender las distintas capas que dan significado a este lugar, para que podamos proponer una futura Plaza que valore y potencie su historia y características.

Todos estos conceptos se han redactado a partir de la consulta de bibliografía histórica y de entrevistas, así como a través de la recopilación de testimonios y relatos orales de chestanos y chestanas (descripción pormenorizada en el apartado de info). Los apartados basados en memoria oral corresponden a distintas generaciones que abarcan desde los años 30 hasta la actualidad. Si se detecta alguna información inexacta o matizable, escríbenos a hola@chestedecidelaplaza.es

El Llano

Aunque la documentación histórica no nos explica el por qué se llamó del “Llano”, sí que podemos suponer que se debe a la topografía del área que ocupa la plaza y su entorno. La plaza se sitúa en una pequeña planicie entre dos montículos o promontorios, uno al sur, que en su parte más alta acoge la iglesia de San Lucas y antiguamente el castillo-palacio, la mezquita y la antigua iglesia, y otro montículo al norte, en la parte más alta del cual se sitúa la ermita, que en su origen estaría a las afueras del pueblo.

Además, este lugar plano elegido para la localización de la plaza, probablemente fuera el cruce de distintos caminos o veredas en el exterior del antiguo núcleo urbano. Este núcleo urbano se concentraría al sureste de la plaza, ocupando el montículo sur, el Lugarico Viejo y su entorno.

Según la documentación de la que se dispone, podemos situar la planificación de la Plaza del Llano y las alineaciones que la delimitan en el último tercio del S.XVIII. Es en ese momento cuando los vecinos solicitan al Ayuntamiento la construcción de una plaza redonda (aunque finalmente fue cuadrada) para la compra-venta de productos y que se acompañase con la construcción de unos abrevaderos para la caballería y el ganado. Por lo tanto, el origen de la actual plaza Doctor y Cajal no solo es una petición vecinal, sino que sus habitantes sufragaron gran parte del coste de la adecuación de la plaza y participaron físicamente en su construcción. Esta participación ciudadana era normal en aquella época, donde toda la población se implicaba en la introducción de mejoras y comodidades en los núcleos urbanos. Desde el primer momento este espacio se convierte en uno de los polos de crecimiento del municipio y, durante el XIX, se consolida como aglutinadora y dinamizadora de la vida económica, política y social del pueblo.

El mercado

El uso de mercado al aire libre ha marcado el carácter de la plaza desde su origen en el S. XVIII. Este uso se mantuvo hasta el 1928 cuando se inaugura el nuevo mercado cubierto en la Plaza del Calvario (actual Plaza del Mercado). Podemos suponer que, tanto por su planicie como por su localización estratégica en el cruce de varios caminos, este lugar ya era utilizado históricamente para el intercambio de mercancías previamente a su consolidación y adecuación como plaza de mercado en el SXVIII,

Tras la petición vecinal en la década de 1770, el Ayuntamiento aprueba la construcción de una fuente con abrevadero y de una plaza cuyo uso sería la venta de mercaderías. Para la construcción de la plaza los vecinos se organizaron por tandas y se les permitió utilizar la cal con la que estaba levantándose el campanario de la iglesia. La plaza se distribuyó con rastrillo y se marcó con números que correspondían a los puestos que debían ocupar los distintos vendedores. Cada vendedor traería su puesto, que normalmente consistía en una mesa de madera que se cubría con una lona cuando llovía. Si había mucha afluencia de vendedores, el mercado se extendía a las calles colindantes.

La planicie elegida en el Siglo XVIII era el lugar perfecto para situar esta actividad de intercambio comercial diario. Además de este mercado diario, se tienen referencias de la celebración en este mismo espacio de una feria franca anual, a la que acudían vendedores y compradores del resto de la provincia y el país. Poco a poco, este espacio a las afueras del pueblo se fue incorporando a la trama urbana a medida que el pueblo crecía hacia el noroeste.

El agua

El agua junto con el uso de mercado son los dos elementos que desencadenan el origen de la Plaza. Tal y como se ha comentado, la petición vecinal recogía la necesidad de un espacio de venta de mercaderías, así como la construcción de un abrevadero para los caballos y el ganado.

Coincidiendo con esta reivindicación, se estaban realizando las obras de canalización de las aguas desde el manantial de la Safa y la construcción de diversas fuentes públicas de agua potable para consumo humano diferenciadas de los abrevaderos de animales. La introducción de estas infraestructuras fue uno de los grandes avances higienistas más importantes en el municipio, ya que hasta este momento los canales de agua, que normalmente eran acequias a cielo abierto, eran utilizados indistintamente por personas y animales, con los problemas que esto ocasionaba.

En este contexto, en la plaza, la ejecución de la obra superó la construcción de un simple abrevadero y en 1802 se inaugura una gran fuente monumental de estilo neoclásico adosada a la fachada de la antigua Casa Consistorial, en el alzado sur de la plaza. El autor de la fuente fue el arquitecto Vicente Marzo, académico destacado de la Academia de Bellas Artes de València.

La composición global de la fuente la formarían tres cuerpos semicirculares de piedra, siendo el central más grande, con balsas. Estas balsas también semicirculares y bajo el nivel del suelo contaban con un espacio alrededor constituido por unos escalones que permitían la aproximación a los caños de cada una de las fuentes.

Con la construcción del nuevo Ayuntamiento inaugurado en 1905, desaparecen los cuerpos laterales de la fuente permaneciendo únicamente el central.  Después de caer en desuso, quedó soterrada en parte y finalmente fue restaurada en la década de los 80, recuperando los escalones del cuerpo central.

Esta fuente simbolizó la garantía de salubridad del agua, la modernización del municipio, la aparición del concepto de mobiliario urbano, en este caso con una impronta artística y monumental, el protagonismo de la casa consistorial adosándose a su fachada y la implicación del vecindario en una construcción civil y pública.

El ayuntamiento y la política

La Plaza del Llano ha sido históricamente el lugar de representación y localización del poder civil de Cheste. En ella no solo se implantó el Ayuntamiento, sino que históricamente ha acogido las sedes de multitud de agrupaciones políticas y cívicas. Además, la Plaza ha sido el espacio donde la población de Cheste se ha congregado en los momentos de reivindicaciones colectivas, conmemoraciones, eventos importantes o recibimientos a personajes ilustres. Se puede recordar la instalación de una “primera piedra” en la Plaza del Llano para celebrar la promulgación y el juramento de la Constitución de 1837, o el recibimiento a Julio Tarín tras la aprobación de una Ley que promovía el sector del vino, de la que había sido partícipe, o la proclamación de la segunda república en 1931.

El actual edificio del Ayuntamiento fue inaugurado en 1905 y consta de dos plantas. La planta superior siempre fue destinada a usos administrativos y de gestión municipal y ha ido sufriendo sucesivas adaptaciones y redistribuciones. Las dos grandes salas de la planta baja han acogido multitud de usos a lo largo del siglo XX, entre ellos las escuelas nacionales, la sede de la “OJE”, la biblioteca, el “cinico del cura”, el sindicato de riegos, entre otras. En la década de los 80 se efectuó una última intervención de reestructuración interna y de eliminación de ciertos elementos de la fachada, configurando la imagen y distribución que vemos en el presente.

Se puede suponer que el traslado del Ayuntamiento a su localización actual en la Plaza se produciría antes de la construcción de la fuente en 1802. El primer edificio, previo al actual, sería sobre el que se construirían los tres cuerpos de la fuente y su fachada ocuparía todo el frente sur de la Plaza, como en la actualidad. En 1903, según el cronista oficial Arnau y Tarín, el edificio amenazaba ruina y tuvo que derribarse, siendo sustituido por el edificio que hoy conocemos. Previamente a su localización en la Plaza, el edificio del Ayuntamiento, según documentación de 1737, se situaría en una casa en la calle San Vicente. Anteriormente a esta ubicación, y basándonos en Arnau y Tarín, se puede afirmar que a partir los S. XIII-XIV la casa consistorial se encontraría en la plaza del Lugar Viejo.

La importancia que estaba adquiriendo la plaza como centro del pueblo, con el Ayuntamiento presidiéndola y la actividad de mercado diario, hacían de este espacio el lugar adecuado para implantar otros edificios que acogieran la sede de partidos políticos, agrupaciones cívicas e ideológicas (círculos, casinos y ateneos). Entre ellos cabe señalar los casinos, de los que se habla en el siguiente apartado.

Se debe destacar especialmente el “Ateneo de la Alianza” (de la “Alianza de las Izquierdas”) como espacio donde se encontrarían las sedes de los distintos partidos de izquierdas y sindicatos, y como lugar de debate y dinamización social, cultural y político. Para esta labor se construye un edificio de dos plantas y andana en el alzado norte de la Plaza, convirtiéndose en uno de los edificios más característicos de la misma, junto con el Sindicato Agrícola y el Ayuntamiento. Este Ateneo también contaba con una cooperativa de crédito. Durante la dictadura el edificio fue incautado y utilizado como banco. Con la vuelta de la democracia, un grupo de jóvenes decide recuperar el edificio del “Ateneo la Alianza”. Tras una financiación colectiva de unos 100 socios consiguió inaugurarse en 1983 y se inició de nuevo su actividad cultural, política y lúdica.

Los agricultores y sus organizaciones

Como se señalaba en el apartado anterior, la Plaza del Llano era el espacio de representación e identitario por excelencia del municipio, y en los edificios que la delimitan comienzan a instalarse multitud de sedes políticas y cívicas. Entre ellas se deben destacar aquellas organizaciones que agrupaban a los agricultores y jornaleros, destacando, por su vínculo con la plaza, los casinos, las sociedades y los círculos (hoy ya desaparecidos) y por supuesto una de las entidades y edificios que han llegado hasta nuestros días: “el sindicato agrícola” y la “Caja Rural”

Los casinos aglutinaban a los jornaleros o trabajadores del campo, dividiéndose en distintos espacios dependiendo de la ideología política. En la Plaza encontraríamos el Casino “La Constancia” popularmente conocido como “la canariera” que aglutinaba ideologías liberales, el “Círculo Recreativo” conocido popularmente como “la ratera” donde se reunían ideologías más conservadoras y el Casino del “Progreso” que reunía a las tendencias republicanas. También, en 1906 se instala en el número 18 de la Plaza del Llano la Sociedad del “Amparo del Obrero” conocida popularmente como “el piojo”. Los casinos generaban grupos de cohesión social que abarcaban principalmente dos aspectos, por un lado, eran los espacios de las tertulias y debates sobre aspectos laborales, económicos, de derechos sociales y políticos, y por otro, se configuraban como lugares de recreo donde se realizaban cenas, bailes y multitud de actividades lúdicas.

Paralelamente, el Sindicato Agrícola surge en los inicios del siglo XX como agrupación de propietarios en respuesta, por una parte, al auge que estaban teniendo los casinos de trabajadores y, por otra, para actuar conjuntamente frente a reivindicaciones y negociaciones tanto con los trabajadores como con el gobierno. El Sindicato Agrícola de Cheste inaugura en 1931 un edificio modernista de tres plantas en la plaza, de alto valor patrimonial y arquitectónico. Tanto el edificio como el uso de bar o café de la planta baja ha llegado hasta el presente, aglutinando en su interior y frente a sus puertas a multitud de chestanos durante todo el día. El Sindicato además funda una caja de ahorro en 1918, cuya sede y oficinas en un primer momento se situaban en la primera planta del propio edificio del sindicato y posteriormente en distintas ubicaciones en la Plaza.

La plaza se concebía como la extensión de la vida y la actividad que se producía en el interior de los edificios. La plaza, era el lugar al que acudían los jornaleros para ser contratados, el espacio donde se encontraban y mezclaban trabajadores y propietarios, así como el espacio de cruce entre las distintas ideologías, convirtiéndose en el centro de la efervescencia política y social del municipio hasta la llegada de la dictadura.

La cultura y las fiestas

Como se ha visto, la Plaza fue convirtiéndose en centro de encuentro y dinamización de la vida cultural y social del pueblo. Así, en ella se centraban la celebración de las principales fiestas y eventos culturales que ocurrían en Cheste.

Los testimonios orales recogidos encierran muchos recuerdos vinculados a la pascua, sobre todo al primer y tercer día. El primer día, tras el “encuentre” en la Plaza por la mañana, los chestanos y las chestanas se dirigían a Chiva. El tercer día de pascua, sin embargo, era la población de Chiva la que se desplazaba hasta Cheste para pasar la tarde en la Plaza. Se recuerda que venía desde Chiva un personaje con su acordeón llamado “el Fino”.

Otros muchos recuerdos rememoran la celebración de los toros o vaquillas, cuando la plaza se llenaba de carros, toneles y puertas viejas, que junto con las traviesas de vía hacían las veces de toriles. También se recuerda que los entablaos de antes se hacían con botas de vino, remolques de tractor, puertas viejas y otros elementos de madera unidos con cuerdas.

Los relatos orales vinculan la plaza a multitud de anécdotas vividas durante las fiestas patronales, y concretamente aparecen muchos episodios vividos en la entrada de caballos, la xafá de la uva, las cabalgatas de las fallas, las mascletás, etc. Se recuerda con especial nostalgia las serenatas de los sábados por la noche en verano.

La plaza, además de ser el espacio donde se llevaban a cabo la mayoría de las celebraciones festivas del municipio, también ha sido el centro cultural al aire libre por excelencia. Completando los apartados anteriores, en la plaza se han venido realizando bailes, coros y danzas, conciertos, cine de verano, el recibimiento a grandes personajes, ferias, charlas, mítines, etc. Se recuerda las vitrinas en la fachada del Ayuntamiento que anunciaban las carteleras de los cines Goya (el cine de arriba) a la izquierda y Liceo (el cine de abajo) a la derecha de la fachada.

Con la vuelta de la democracia, gracias a un grupo de jóvenes organizados en torno a la “Semana de la juventud” se promovieron las fiestas de Julio, con muchas de sus actividades desarrolladas en la Plaza. Se inició con ellas el concurso de paellas, verbenas, bailes de disfraces, carreras populares, etc. Cabe destacar la actividad de “urbanismo táctico” promovida por este grupo en “el día de la ecología” para reivindicar una plaza peatonal y verde en los años 80. Se vació la plaza de coches, se pintó, se decoró y se llenó de maceteros y árboles con la colaboración de los agricultores.

El juego y la infancia

La plaza se identifica también como un espacio de juego y esparcimiento para la infancia de Cheste. Al menos esto fue así hasta el aumento del tráfico rodado y la progresiva ocupación de la Plaza como aparcamiento a partir de los años 70. Los más pequeños, ante la inexistencia de parques o mobiliario de juego (toboganes, columpios, etc.) encontraban en la plaza despejada y en su pavimento de tierra un enorme espacio de juego y posibilidades.

Este carácter aumentó más si cabe con localización de las “Escuelas nacionales” en los bajos del Ayuntamiento durante las primeras décadas de la dictadura, que utilizaban la Plaza como “patio” de las escuelas. A la escuela, solo de chicos, se accedía a través de las puertas laterales recayentes a las calles de Julio Tarín y San Vicente, estando en uso hasta la construcción del “Grupo Escolar” (hoy CEIP Giner de los Ríos).

Se recuerda, además, de forma muy vívida, las paraetas de chucherías en la plaza, principalmente la de la tía Vicentiquia “la Parrera”, que vestía con falda muy ancha y toquilla, y colocaba su paraeta delante del bar Amador (actual farmacia), que se valía de un cajón transportable con dos ruedas y un paraguas como sombrilla. En aquella paraeta se vendía “regalisia”, caramelos de nata, puro moro, palomitas, dulces, altramuces, chufas, etc.

La generación nacida en las décadas de los años 20 y 30 nos recuerda que diariamente jugaban al “cortaterrenos”, ya que el suelo era de tierra, a correr y al sambori. El tercer día de pascua era típico jugar al corro, la comba y bailar la tarara. Algunos testimonios cuentan que en las tardes en verano, cuando se ponía el sol, salía el tío “Melana”, el alguacil, con la manguera a regar la plaza y que los críos le provocaban cantando “aquí no llega la manga riega” hasta que los mojaba.

Los comercios y el ocio

Como se ha visto en el apartado del mercado, desde su origen, la plaza se convirtió también en el espacio central de la vida económica y de ocio del municipio.  A lo largo del siglo XX los bajos de la plaza han acogido multitud de comercios. A través de testimonios orales se han recogido algunos de ellos.

En el alzado este (el de la Calle San Vicente) de la plaza, se recuerda la farmacia de D. José Ortiz, la tienda de telas Prats (o del tío Julio el Prach), la zapatería Paquita y el bar del tío Pepe o Monterrey, que posteriormente, a partir de los 80, pasó a llamarse Jardinet.

En el alzado norte (en el lateral del Ateneo) se localizaba la cantina de la Periquia, el bar del Ateneo atendido por Angelina, el bar Amador (regentado por Amador y Herminia) y el horno del Fernando el Royo. En el alzado oeste, se encontraban el bar de la agrícola, una tienda de bisutería y un estanco.

En el alzado oeste, se encontraba la “Posada de la tía Gabriela”, que se derriba para la construcción del Sindicato Agrícola. Tenía forma de L y su fachada se adelantaba hasta alinearse con la Calle de la Ermita a través de la fachada de una casa hoy desaparecida para la apertura de la calle Vicente Verduch

Sin tener la referencia de la ubicación exacta pero ubicados en la Plaza o sus proximidades, también se recogen recuerdos de un bar llamado de “la Minerva”, la barbería del “Portilla” y de la tienda de Paquito el Xufo. Las mesas que sacaban los bares a la plaza se llenaban por las tardes, cuando se acababa la jornada laboral en el campo, y se tomaba limonada, horchata, etc.

Además de los comercios que ocupaban los bajos de la Plaza, también se recuerda algún puesto de venta ambulante. En concreto se recuerda a una señora que vendía sombreros, gorras y gorros de hombre los domingos en una parada que colocaba en la parte derecha del Ayuntamiento. También se recuerda que entre la Agrícola y el edificio de la actual caja rural, había unas escaleras que daban acceso a un taller de confección de ropa militar.

También se han dado referencias de los comercios en los alrededores de la Plaza. En la calle Julio Tarín encontrábamos una barbería, la de Luis Constinger (uno de los niños auspiciados en Cheste por el Grupo Esperantista después de la segunda guerra mundial), un estanco, una tienda de artículos de regalo, la del “tío Bolera”, y la tienda de comestibles del tío “Ricardilla”. Dándole la vuelta a la manzana del Ayuntamiento y en la Calle San Vicente estaba el kiosco de la “Nuri”, la barbería del “Budillo”, la “sucrería” y la farmacia de D. José María Ortiz. En la calle de la Ermita encontrábamos la barbería del “Portilla”, la fábrica de gaseosas “Fortea” y el horno de la tía Teresa la “Pichona”. En la calle María Pineda se recuerda la tienda de ropa del Eliseo, la alpargatería de Vicente el “Caretes” y la barbería de Ricardo “El Peño”.

Los habitantes y sus casas

Otro rasgo fundamental que marca el carácter de la Plaza es el caserío que configura su perímetro. La imagen de las viviendas de la plaza sí que ha sufrido una transformación profunda, mostrando ahora una imagen muy diferente a la de inicio de siglo XX.

Las casas de la fachada este de la plaza eran casas de dos o tres plantas como máximo, encaladas y sin decoración en sus fachadas. Normalmente, el encalado se realizaba antes de las fiestas patronales (abril y/o octubre), utilizando la “graneriquia de emblanquinar”, poniendo especial atención en el “macarrón” en la parte inferior. Poco a poco se fueron sustituyendo por viviendas con más decoración como las que aparecen actualmente en los números 12 y 13, de fachadas estrechas de unos 3 metros de anchura.

Las casas de la manzana situada al norte sí que presentaban una decoración más profusa. En ellas, como se ha comentado, se localizaba el bar Amador, además de la casa “de la Calva” y la casa de Julio Velet “el de la Plaza”. Posteriormente en esta localización, en un edificio nuevo, estuvo situada durante unas décadas la sede de la Caja Rural antes de desplazarse al alzado oeste.

En el alzado oeste encontrábamos una casa de dos alturas, la de los Verduch, desaparecida para posibilitar la apertura de la calle Vicente Verduch (el nombre de la calle recuerda al propietario de la casa). Adosada a ella y compartiendo alineación se encontraría la posada de la tía Gabriela y un edificio de tres plantas anexo a la posada que también presentaba una decoración cuidada rodeando las aperturas de las fachadas. Tanto la posada como el edificio anexo fueron derribados para dar paso al edificio del Sindicato Agrícola (principios S.XX) y a la nueva sede de la Caja Rural (S.XXI)

Entre sus habitantes, también se recuerda a la tía Marina, a Elisa Prats y su marido, a los Boletos, a los Mompós, la casa de los Titotes y al farmacéutico don José María Ortiz.

El Doctor Cajal

El 12 de mayo de 1922 los facultativos sanitarios del municipio solicitan al Ayuntamiento que se dedicase una de las calles del municipio al Doctor Santiago Ramón y Cajal con motivo de su jubilación y en reconocimiento a su labor como investigador, como ganador de un premio Nobel y como uno de los científicos españoles que más ha aportado a la ciencia.

El Ayuntamiento no solo secunda la petición, sino que decide que en lugar de una calle le va a dedicar el espacio más importante y representativo del pueblo, sustituyendo así el nombre de la “Plaza del Llano” por la “Plaza del Doctor Ramón y Cajal”. Este cambio queda registrado en el acuerdo de gobierno del 19 de junio de 1922 y se hace efectivo con la colocación de una lápida en la fachada del Ayuntamiento el día 18 de octubre de 1922.

Detrás de la placa se habilitó una hornacina en la que se depositaron varios documentos que conmemoran el cambio de nombre. Entre los documentos originales depositados en 1922 se encuentran la carta remitida por Santiago Ramón y Cajal en agradecimiento a todo el pueblo, así como un escrito que recoge el acuerdo del cambio de nombre, la composición del Ayuntamiento de aquel momento y el nombre de todos aquellos que habían contribuido al pago de la placa. Entre las personas y entidades que se hicieron cargo de sufragar el pago encontramos al Ayuntamiento, a los casinos y a las sociedades presentes en la plaza, además de alguna aportación individual. Posteriormente en el año 2000 se añadió un acta aprovechando la remodelación de la fachada y la digitalización de la documentación que había en su interior.